lunes, 7 de julio de 2014

“Sueños guajiros”

Por Manuel Maderid

Amigo Juanjo:
Todavía me preguntó cómo le hacía la abuela para aguantarnos cuando niños. Bien recuerdo que en una ocasión Marcos, el hijo de la vecina, estaba molestando a mi prima Saraí diciéndole que cuando creciera, iba a ser policía y la iba a venir a detener para meterla a la cárcel.
Juegos de niños, al fin. Pero mi prima no lo tomó así y su reacción fue como si recibiera la amenaza más implacable de todos los tiempos.
La abuela, con la paciencia que la caracterizaba, le dijo sonriendo: “No te creas, hija, el niño sólo está jugando…”.
Hace unos días, el alcalde Carlos Canturosas Villarreal estuvo en la capital del Estado, en donde declaró a los medios de comunicación sobre sus aspiraciones de contender por la gubernatura del Estado en el 2016.
La pretensión tiene, al menos, dos lecturas:
Si el hombre se refería a la aspiración que todo ciudadano tiene de gobernar su terruño, está bien, se le acepta, no hay problema, es sólo un sueño, guajiro, pero sueño al fin.
Pero si en realidad está pensando candidatearse a la primera silla estatal, entonces estaríamos hablando de una torpe, irresponsable y hasta cierto punto alocada pretensión, por muchas razones.
En primer lugar, es cierto que en lo que va de su administración se están viendo algunas obras, pero como lo acentuábamos en colaboraciones anteriores, son las mínimas, es decir, las que vienen a resolver la necesidad ciudadana con el costo más mínimo. ¿Se  las aplaudimos? Claro que no, es su deber, y no lo hace con dinero de su bolsillo, sino del pueblo.
Jamás podríamos comparar el hecho de que traiga trabajadores colocando una lámpara de alumbrado público, pavimentando algún tramo o tapando un bache, con las obras magnas y de trascendencias que realizaron sus antecesores, priístas por cierto, como es el bulevar ribereño de Cortés Villada, el Puente III de Horacio Garza; el Centro Cultural de Pepe Suárez, sólo por mencionar algunas.
Y si a esto mencionamos el hecho de que ha fallado en su mística de servicio, al restringir la entrada a la “casa del pueblo” a la gente que quiere acudir a presentar alguna solicitud o queja, entonces nos estamos enfrentando a una administración municipal prepotente, arrogante y falta de cordura, porque hasta “El Mochilas” sabe que todo presidente municipal se debe a su pueblo.
Se le olvida, por consiguiente, que las elecciones se ganan con el pueblo, y el pueblo es el que vota, y lo que está haciendo Canturosas es algo así como una dictadura, en donde el pueblo no tiene derecho a manifestarse, ni a reclamar nada.
Ahora que, si hablamos de su persona, entonces no está por demás mencionar que el hombre es un irresponsable de primera, vaya, ni siquiera se levanta temprano para estar presente en los Honores a la Bandera de los lunes. Dicen los que lo conocen que no asiste por la tremenda resaca de sus excesos del fin de semana anterior.
A los eventos que agenda, siempre llega tarde. Definitivamente no le aprendió nada a Horacio Garza en el tiempo que fue su yerno. El viejón sí era puntual, y cuidado con que alguno de sus achichincles llegara tarde, porque esa quincena no cobraba.
Se le ha visto también con la camisa desfajada, sudada y despeinado. “El Mochilas” llega más presentable a trabajar.
De veras que la administración municipal de Canturosas da risa. A veces da la impresión de querer hacer bien las cosas, pero todo queda en eso, en mera intención. No se le ve profundidad ni consistencia a su gobierno.
El hombre está mal asesorado. ¿O será que no se le quita lo berrinchudo de joven, cuando hacía lo que le daba la gana?.
Es hora de que alguien le diga que ahora es alcalde --o al menos finge serlo--, y que la gente sigue de cerca su actuar. Ah, y sobre todo, que la gente no olvida las ofensas.
Por eso ahora que lo vemos haciendo sendas declaraciones de que quiere ser gobernador, de verdad que da risa, porque si como alcalde no está dando el ancho, menos lo va a dar como gobernador.
Si como alcalde no asiste a los eventos de los lunes, como gobernador no va a ir en toda la semana.

Pero para no amargarnos el momento, mejor digamos como dijo la abuela: No te creas, el niño sólo está jugando… ¡Salud!

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